miércoles, 24 de agosto de 2016
Día 13: dolor ininterrumpido
Quizá desde el principio lo supe, desde el principio me lo busqué. Y yo no quiero justificarme a mí mismo, porque tampoco he sido un santo. Los días mueren con demasiada lentitud y ya no sé qué hacer con este hueco que hay en mi pecho, en el sitio donde estaba mi corazón. ¿Es mi castigo por ser malo? ¿es algo más? Pero el dolor sigue. De veras que duele, por mis venas aun fluye ese veneno que es tan empalagoso y letal. Me ahogo, me hundo. Él (el hombre de los ojos rojos) me arrastra hacia la pesadilla interminable. Hay veces que me levanto, recuerdo y me quiero morir, luego olvido, y al caer la noche, quiero morir otra vez. No sé hasta cuando más pueda aguantar. Tengo miedo de romperme hasta tal punto que cualquier cura sea imposible. Sería mejor descansar de una vez. Tú también lo has pensado, lo bonito que sería cerrar los ojos y soñar para siempre, o desvanecerse en la nada, una nada tan blanca, tan pura, tan sin ti.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario