jueves, 21 de marzo de 2019

Hacia las estrellas [una porquería que escribí hace tiempo]

Me has visto nacer. Me diste la vida, la piel, me insuflaste con tu Aliento, tus hilos sagrados se enhebran y se agitan en el murmullo cósmico con el que diste Ser al visón, al ave, al pez en el mar. Te siento. Me haces vibrar de amor. Me haces querer hundir las uñas en mi carne, arrancarme la piel a tiras, me quemas como el mismo fuego de la Vía Láctea. Mi útero primordial. En ti quisiera dormir para siempre, contigo voy más lejos de donde nunca jamás soñé, contigo exploro mundos escondidos más allá del azul y del negro… Escucho el sonido de unas trompetas lejanas, tocas mi pecho con tu mano. Mueves los labios. Tus ojos me miran con una tristeza infinita. Y de pronto tengo ganas de llorar. Hemos viajado mucho tiempo y nunca pude darme cuenta de la Única Verdad. Soy tu hijo y soy tu amante. Y también soy tu condena. ¿Es que acaso tan ciego fui? Ahora me muestras un universo caótico. Veo titanes demenciales, pesadillas que recorren la tierra yerma y envuelven a los hombres en locura, veo luces fantasmales en el cielo que toman la forma de nebulosas escalofriantes y planetas envueltos en llamas, extrañas bestias que gritan y copulan en lenguajes extrañísimos y blasfemos. Ven, porque te necesito. Sálvame, sálvate de esta nube de monstruosidad. Recorramos juntos el universo. Destruyamos la caja del gato. Que el sonido del rugido primordial nos llene los oídos. Que lo inexplicable tenga en nosotros la razón más lógica. Vamos juntos. Hacia el futuro. Hacia las tinieblas, la esperanza. Hacia las estrellas.