lunes, 27 de noviembre de 2017

La lechuza y el gusano.

Hola, cómo has estado. Sí, es una forma estúpida de comenzar una conversación, pero qué va. A veces te extraño. Pienso que quizá tengas tu cabeza enterrada entre las páginas de un libro, o quizá, y lo que es más probable, entre los glúteos de alguna de tus putas, pero es lo de menos. Lo que hubo entre nosotros es algo a la vez tan simple y complicado de describir. No sé si llamarlo espontáneo, tonto, monótono, o agradable. Creo que más espontáneo. Al menos disfrutábamos nuestras charlas y veladas nocturnas, en el nidito de amor que teníamos en Trujillo. Y también fue cosa de ambos dejar de vernos. Es decir, tú te aburriste de mí, y yo de ti, y no hay nada de malo en eso. Los caminos convergen y divergen a la vez. Debo admitir, no obstante, que a veces, cuando leo algo interesante, o cuando se me ocurre alguna idea tonta, pienso, “oh vaya, esto debo contárselo a mi lechuzón”, y resulta que mi lechuzón, estando también cerca como a un clic de distancia en el asqueroso chat del Facebook, está tan lejos en ese cruel mar de la indiferencia, jajaja. Pues no caigamos en esa rutina de querer hablarnos sólo por rutina. Te extraño, lechuza loca. Y seguro que algún día volveremos a encontrar un nidito desocupado, muy, muy lejos de aquí.