martes, 12 de julio de 2016

Era mi vida él, mi primavera él, y mi mañana.

Comenzamos con unas cuentas coplas de la viuda de España, Isabel Pantoja, Cuando la comienzas a conocer un poco más, te fascina. Esa coquetería, esa elegancia, esa voz que te transporta al exotismo gitano de una época remota. Y lírica tan bella. Marinero de Luces suena mientras escribo estas líneas. En ella, el compositor quiso reflejar la aflicción de una viuda, que sentada en la orilla, se hunde en el
dolor de la partida de su amado.

 Te embriagó aquella tarde el aroma del mar. 

Es extraño, pero ya después de una cosa tas otra, espinita tras espinita, te acostumbras a ese vacío (llámese falta de "Algo"). Aquí cito una línea de una canción de Soda Stereo, "Pasa el tiempo y ahora creo que el vacío es un lugar normal". Y así es. Creces, conoces, confías, te hieren, vuelves a confiar otra vez. Es el tiempo que a nosotros, los Homo sapiens del siglo XXI, nos ha tocado vivir. Nadie pone en duda que el amor romántico es una experiencia cercana a la divinidad, excepto claro los que no se han enamorado. Alimenta al corazón hambriento. Pero qué pasa cuando el corazón se queda de hambre, y al buscar la fuente de su combustible descubre que se agotó. Pantoja nos lo sabe describir muy bien.

Olvidaste que yo, gaviota de luna, te estaba esperando,

El 99.98% de las veces jamás es culpa nuestra. No, nunca. La culpa es de ellos. No nos quisieron bien, no nos alimentaron bien, en el cama se movían mal, o yo qué sé. Cuando quieres mucho llega otro pensamiento. "Hey, estaba feliz así, déjame soñar un poquito, sólo un poquito más...". Y oye, duele. Duele muchísimo. Duele el silencio. Duele la culpa. Ese miedo primigenio sale otra vez por las noches y te oprime el pecho como un parásito que cada vez se engorda más y más de tus propios fluidos. Por los días, el vacío puede llenarse con otras cosas. Estudias, lees, juegas, sales, o simplemente duermes. Pero las noches son el temor de cualquier persona enamorada. No puedes escapar de esos momentos de locura momentáneos. "Cien noches sin dormir, en laberintos de amor".

Y de pronto...

Abro los ojos y la realidad es apabullante. Qué sucedió.


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