miércoles, 25 de febrero de 2015

Y comenzamos, bola de sátiros.

Hola. Me llamo Walter y he vuelto a las andadas.
Hace miles de años que no escribo, así que con el perdón de mis potenciales lectores (¿amigos imaginarios?) mi estilo literario no será al nivel best-seller (aunque no se necesita mucho talento para hacer un best-seller *cof cof Harry Potter cof cof* pero esto servirá para limpiar mi ya de por sí corrupta mente.
Pues... por dónde comenzamos. No, no comenzaré a relatar mi penosa y vulgar infancia, que no quiero inducirles a un sueño como el de la Bella Durmiente. Sólo un pensamiento pasajero, que hoy, miércoles 25 de marzo (ah no, coño, que ya estamos 26, es más de medianoche), me ha venido a la cabeza luego de un día un tanto movidito.
Vamos por partes. Oye, tío, se supone que eres mi enamorado, ¿no? Pues, está bien, ya llevamos como más o menos dos semanas y nos hablamos desde diciembre del funesto año pasado. Eso está bien... bueno, creo que lo está. Tampoco nos liamos el mismo día de habernos conocido, ni tampoco me metí contigo porque eras el flaco del que me lié el mismo día de habernos conocido (sí lees, esto, sí, tú, vete derechito a la mierda). Tuvimos un tiempo hablándonos, haciendo chistes, una que otra mariconada, y así comenzó la explosión de cereza. Hermoso. No teníamos amigos en común, ni eras el ex de nadie, ni el amante o el primo o qué se yo. Beso en la playa, oh sí, el sueño de toda mi vida. Agarrados de la mano en un micro lleno de una bola de sátiros que bien podría habernos echado mala cara. Pasan los días. Te vas a tu ciudad natal. Llamadas y skype. Y comenzamos. Me dijiste "te quiero". Conste que yo no fui el primero, eh, para que lo recuerdes luego. Mi futuro enamoradito, sí, y el pequeño Walter comienza a endulzar sus fantasías. Perfecto, perfecto.
Vienes otra vez. Nuevo trabajo. Planes del 14 en Lima frustrados. Pero no importa, después de todo, ¡viene mi futuro enamoradito! Fuck yeah, bitches! Te dije que sí, que quiero estar contigo y todo la vaina.
Pero... ¿qué pasó? Nos ganó la calentura, creo. Muchacho, muchacho. Sino eres tú, y si no soy yo, somos ambos. Yo, el niño inmaduro con ansias de comerse el universo. Tú, el otro niño inmaduro que piensa que dicho universo está a sus pies. Confianza, dices. Sinceridad, dices. Me llamas cursi, no quieres que te escriba cartas. Mis intentos son, de alguna manera, menospreciados. ¿Tan malo es mi amor, en serio? ¿Entonces cómo carajos quieres que te demuestre mi cariño? Joder, hablas con el resto, les cuentas tus cosas a tus amigos. Y yo en dónde quedo. Soy tu enamorado, o al menos eso era el trato. Tus malditos y fríos mensajes me dejan las bolas hinchadas, por la puta madre. ¿No puedes confiar a mí al menos un poco? Ya, okey, tus días rojos. No lo sé, amor. Te quiero, o al menos eso intento. Pero parece que tú no. Así de simple. No tengo respuesta y la pregunta sigue flotando en el aire. Sé que si sigo contigo, y las cosas van al mismo ritmo, me voy a la mierda, lentito, y con un poco de dulzura, pero igual a la mierda. Y si te digo que ya no más, me voy a la mierda allí mismo, me quiero morir, y fácil termino en un hoyo más profundo del que ya estoy.

No es así. Se supone que debo estar feliz. Pero... te encierras en tu mundo y no me dejas ser parte de él. Tal vez soy un poco egoísta. No lo sé. No te lo he dicho. Pronto lo haré. Por ahora, esta es la reflexión de la noche.

En fin.

Hasta pronto, bola de sátiros.

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